Entre lo subterráneo y la superficie.

A partir de 1816 se inició la construcción de los cuatro socavones en Zipaquirá, al mismo tiempo que se inició el uso de calderos para obtener sal de grano, cuya implementación la había propuesto Humboldt en 1801, argumentando que la producción de las gachas que hacían los indígenas de Tocancipá y Gachancipá, no eran muy prácticas y generaban gastos extras. El primer socavón que se abrió en 1816 se hizo bajo la dirección de Jacobo Wiesner. En 1834 bajo la dirección de los ingenieros Mac-Douall y Nirkmainden, se construyó el socavón de Guasá; posteriormente en 1855 se construyó el socavón "el Manzano" (conocido como el Zajón). Finalmente en 1876 bajo la dirección del ingeniero de minas Don Trofimo Verany, se construyó el socavón de "Potosí" y "Peñalisa"

Bendecido y erigido en Basílica alterna de la Catedral de Zipaquirá. Al utilizar los antiguos socavones y pilares, buscaron adaptar algo cotidiano, conocido y reconocible para los mineros en donde pudieran centrar su fervor religioso, su fe y, se sintieran protegidos, convirtiéndolos en un espacio sagrado.

Veinte años después de uso intensivo de esta primera catedral, empezaron a presentarse agrietamientos y fractura de las columnas, que llevaron a tomar medidas preventivas de seguridad, cerrar temporalmente el acceso, hasta que fue clausurada definitivamente. Paralelamente a esta decisión, se fue proyectando la ubicación de un segundo templo, aprovechando el nuevo sistema de explotación de cámaras largas que se había implementado desde 1979 en el nivel Fabricalta.